Es una forma ideal de cocinar pollo para que se quede jugoso y con la piel tostada. Además es un plato tan versátil que puedes servirlo con lo que tengas a mano, por ejemplo yo hoy he acompañado estas alitas al vino, de un arroz blanco que me sobró de ayer, y le ha ido de cine, no hemos dejado ni gota de salsa en el plato. ¿Te parece si te ayudo a prepararlo?
Ingredientes:
• 1 kg de alitas de pollo (sin punta)
• 1 Cabeza de ajos (10-12 dientes)
• 250 ml de vino blanco
• 1 Cucharadita de harina
• 1 Hoja de laurel (grande)
• Perejil fresco
• Pimienta
• Sal
• Aceite de oliva virgen extra ( como 8 cucharadas)
Preparación:
1- En mi caso las alitas las tenía congeladas, así que las saqué del congelador el día anterior y las deje pasando la noche en la nevera, antes de empezar la recetas escurrí el agua que habían soltado, y las sequé muy bien con papel de cocina, si es tu caso y no tienes papel, las puedes secar también con un paño limpio. Si las has traído de la carnicería a tu nevera, pues sáltate este paso y directamente las salpimentamos.
2- Calentamos el aceite a fuego medio- alto. Doramos el pollo en dos tandas para que la piel quede bien crujiente. Cuando estén todas tostadas, reincorporamos las primeras a la sartén. Echamos la harina y la cocinamos por 1 minuto.
3- Añadimos los ajos con su piel y habiéndoles dado un golpe seco con el revés de la mano, agregamos también el laurel (arrugamos un poco la hoja o le hacemos un cortecito con las manos para que nos suelte toda su fragancia en el guiso). Removemos un par de minutos.
4- Vertemos el vino blanco y lo dejamos evaporar por 2 minutos a fuego alto, que la salsa burbujee.
5- Bajamos el fuego a medio- bajo, tapamos la sartén y dejamos cocinar. A los diez minutos, abrimos la tapadera, retiramos las pieles de los ajos y acto seguido aplastamos los ajos con un tenedor en la propia salsa.
6- Dejamos que siga cocinando de 8-10 minutos más sin tapa y a fuego medio para que la salsa reduzca.
Te cuento que esto está de chuparse los dedos, puedes acompañarlo como yo, de un arroz blanco con las alitas y la salsita por encima o de unas patatas fritas o como bien gustes.
Y así de fácil es convertir un ingrediente sencillo como las alitas y una guarnición de ayer en mi caso, en un plato de empezar por los dedos de las manos y permíteme la expresión, terminar por los de los pies.
Si te animas a probarla, que espero que lo hagas, verás que el truco de quitar la piel al ajo en mitad de cocción marca un antes y un después ¡No volverás hacer esta salsa de otra forma!
¿Y tú? Cuéntame, ¿Eres más de alitas al ajillo clásicas o te pierdes por una buena salsa de vino como esta? Déjamelo abajo en comentarios ¡Buen provecho!

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